GRIM

GRIM

Sobre este anime

Si alguna vez has sentido que el cine convencional es demasiado predecible o que las historias siempre necesitan un guion estructurado para tener sentido, *GRIM* es una experiencia que te obligará a cuestionar esa idea. Este cortometraje de 1985, creado por el cineasta experimental Takashi Ito, no es una serie de televisión con héroes y villanos, ni tampoco una película de aventuras. Es, en esencia, un experimento visual que se siente más como una pesadilla lúcida o un sueño febril que como una producción de entretenimiento tradicional.

Para entender *GRIM*, hay que alejarse de lo que normalmente asociamos con el anime. Aquí no hay dibujos en el sentido clásico de la palabra. Ito se aleja de la animación tradicional para trabajar con el entorno real, utilizando una técnica de fotografía cuadro por cuadro con exposiciones largas. Imagina que tomas una cámara, eliges una habitación cualquiera y empiezas a manipular físicamente los objetos que hay en ella. Lo que Ito hizo fue, metafóricamente, “despellejar” los objetos de su habitación: quitaba las texturas, las superficies y las formas de las cosas para luego pegarlas en lugares donde no pertenecen, creando una sensación de desorientación constante.

Lo que hace que esta obra sea distinta es su compromiso con la incomodidad visual. En el contexto de los años 80, cuando el anime empezaba a consolidarse internacionalmente como un medio de contar historias épicas o de ciencia ficción, trabajos como este recordaban que el cine de animación japonés también tenía una vertiente vanguardista y profundamente artística. No busca que te encariñes con un personaje, sino que experimentes una sensación física a través de la pantalla. Es una obra que se siente “eterna” en su ejecución; el proceso de filmación frame a frame, sumado al significado del título, sugiere una repetición constante, como si el autor estuviera atrapado en un bucle de reconstrucción de la realidad.

Es un trabajo corto, de apenas un episodio, y no tiene una trama que puedas resumir en una cena con amigos. Si intentas buscar una lógica narrativa, probablemente te frustres, porque *GRIM* no intenta contarte un cuento, sino mostrarte una distorsión. Es una pieza de museo, una curiosidad técnica que sobrevive como testimonio de una era donde los creadores estaban más interesados en explorar qué podía hacer una cámara que en cuántas copias podían vender.

Si te acercas a *GRIM* esperando ver algo parecido a *Dragon Ball* o *Sailor Moon*, te vas a llevar una sorpresa mayúscula. No es una historia para pasar el rato un domingo por la tarde, sino un ejercicio de observación. Es ideal si te interesa el cine experimental, la fotografía o si simplemente tienes curiosidad por ver cómo un autor japonés de los 80 decidió romper las reglas de lo que significa “animar” algo.

¿Para quién es?

* Personas curiosas por el cine experimental y las artes visuales fuera de lo comercial.
* Espectadores que disfrutan de experiencias sensoriales y abstractas más que de narrativas lineales.
* Estudiantes o entusiastas del cine que quieran ver técnicas de animación poco convencionales de los años 80.

Scroll to Top