Drill

ドリル

Sobre este anime

Imagina que tienes una cámara fotográfica antigua y decides capturar la entrada del edificio donde vives. No haces un video tradicional, sino que tomas cientos de fotos y las montas de tal manera que la realidad se distorsiona. Eso es, en esencia, *Drill*, una pieza experimental de 1983 que desafía todo lo que solemos asociar con la palabra “anime”.

Cuando pensamos en dibujos animados japoneses, nuestra mente vuela automáticamente hacia héroes con poderes, batallas épicas o historias románticas en preparatorias. Sin embargo, el anime es mucho más amplio que eso. *Drill* pertenece a una corriente del cine experimental japonés de los años 80, donde los creadores no buscaban contar una historia lineal, sino explorar qué pasaba con la imagen cuando la manipulaban físicamente.

La premisa es sencilla: el autor se centra en un pilar de la entrada del dormitorio donde residía y, a partir de ahí, empieza a jugar con la perspectiva. Si miras a la izquierda o a la derecha, el espacio parece curvarse, como si estuvieras viendo un cuadro que se deforma frente a tus ojos. Es una técnica llamada anamorfosis, que engaña a tu cerebro para que vea profundidad y movimiento donde solo hay una serie de fotografías estáticas proyectadas rápidamente.

No es una historia con personajes, diálogos o un conflicto que se resuelva al final. Es más bien un experimento visual. La obra culmina con un movimiento frenético y violento que, curiosamente, termina sintiéndose como una pieza de poesía visual. Es un recordatorio de que, en aquella época, algunos artistas japoneses veían el medio de la animación no solo como una forma de narrar cuentos, sino como una herramienta para alterar nuestra percepción del espacio físico.

Si te acercas a *Drill* esperando un episodio de televisión convencional, probablemente te sientas confundido. No tiene una trama que seguir ni un mensaje moral oculto. Su valor no reside en lo que “pasa”, sino en cómo te hace sentir la distorsión de un lugar cotidiano. Es una pieza de museo, una curiosidad histórica que nos enseña que el anime, en sus raíces más experimentales, también fue un terreno fértil para el arte abstracto y la exploración técnica.

Es una obra breve, de apenas un episodio, que sirve como un espejo de una época donde la tecnología estaba cambiando y los creadores buscaban nuevas formas de usar la cámara para romper las reglas de la geometría visual. No es algo que verías un domingo por la tarde para relajarte, pero sí es fascinante si te interesa entender la evolución del lenguaje audiovisual japonés.

¿Para quién es?

* Curiosos del arte experimental y la historia del cine independiente.
* Quienes disfrutan de piezas audiovisuales cortas que priorizan la estética sobre la narrativa.
* Personas interesadas en ver cómo la tecnología analógica se usaba para manipular la realidad.

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