Dominion Tank Police
Dominion
ドミニオン
Sobre este anime
Imagina un futuro donde la policía, en lugar de patrullar en autos sedán comunes, decide que la mejor forma de mantener el orden es utilizando tanques de combate blindados en medio de una ciudad densamente poblada. Eso es exactamente lo que propone *Dominion Tank Police*, una miniserie de 1988 que captura perfectamente esa obsesión noventera por la tecnología pesada y el caos urbano.
Si nunca has visto anime, esta producción de cuatro episodios es una cápsula del tiempo fascinante. El estudio Agent 21 nos presenta a Leona Ozaki, una policía que se une a una división especializada donde el protocolo parece ser “destruir primero y preguntar después”. Su compañero inseparable es Bonaparte, un mini-tanque que ella misma personaliza y que, básicamente, funciona como una extensión de su propia personalidad: ruidoso, imparable y bastante temperamental.
Lo que hace distinta a esta serie no es solo la acción desenfrenada, sino su tono. A diferencia de muchas historias de ciencia ficción de esa época que intentaban ser demasiado serias o filosóficas, *Dominion Tank Police* abraza el absurdo. La ciudad de Newport es un hervidero de crimen donde los villanos, liderados por un tipo llamado Buaku y las icónicas Hermanas Puma, no son necesariamente malvados genéricos, sino personajes carismáticos que parecen divertirse tanto causando desastres como la policía intentando detenerlos.
Es importante situar esto en su contexto cultural. A finales de los ochenta, el anime estaba experimentando con la idea de la “policía del futuro”. Mientras otras obras exploraban distopías lúgubres o ciberpunk depresivo, *Dominion* se siente como una película de acción de Hollywood de presupuesto medio, pero con la libertad creativa que solo la animación japonesa puede ofrecer. Aquí no hay límites presupuestarios para las explosiones ni para las leyes de la física. Los tanques saltan, se estrellan contra edificios y los daños colaterales son parte del chiste. Es una comedia de acción pura, sin pretensiones de cambiar el mundo, enfocada en ofrecer un entretenimiento directo y lleno de energía.
Aunque tiene una puntuación modesta, su valor radica en su honestidad. No intenta ser algo que no es. Es una pieza de arqueología animada que nos recuerda una época donde los creadores se sentían libres de mezclar ciencia ficción, comedia física y un ritmo vertiginoso sin preocuparse demasiado por la coherencia lógica. Es una experiencia breve, ideal para un fin de semana donde solo buscas desconectar y ver vehículos blindados persiguiendo criminales por las calles de una metrópolis futurista.
¿Para quién es?
* Personas que disfrutan de la estética retro y la animación dibujada a mano de los años 80.
* Espectadores que prefieren historias cortas y directas sin tramas demasiado complejas.
* Fanáticos de la comedia de acción donde el caos y las explosiones son el centro de la narrativa.
