Alice In Voodooland
Alice In Voodooland
Sobre este anime
A veces, el mundo del anime nos ofrece experiencias que escapan a las estructuras narrativas tradicionales, esas que requieren veinte minutos de desarrollo, un arco de personaje y una resolución satisfactoria. *Alice In Voodooland*, estrenada en 2016, es precisamente uno de esos casos extraños: no es una serie, ni una película, sino un video musical animado que funciona como una pieza de arte visual independiente.
Si nunca te has acercado a este tipo de producciones, es importante aclarar que no verás una historia con diálogos o una trama lineal. Aquí, la narrativa se construye exclusivamente a través de la simbiosis entre la música y la imagen. Kousuke Sugimoto, el responsable de este trabajo, utiliza la estética del terror para acompañar la canción de RoughSketch y la voz de Aikapin, creando una atmósfera que se siente más cercana a un trance visual que a un episodio convencional.
Lo que hace a *Alice In Voodooland* distinta es su naturaleza cruda. Al ser un video musical de horror, no tiene la obligación de ser amable con el espectador ni de seguir las reglas de ritmo que dicta la televisión. Es una pieza breve, de apenas unos minutos, que se siente como un destello oscuro. Su puntuación de 50 sobre 100 refleja bien su estatus: no es una experiencia diseñada para gustar a todo el mundo, ni pretende ser un pilar de la animación japonesa. Es, más bien, un experimento estético.
Culturalmente, este tipo de trabajos se insertan en una tradición japonesa muy particular donde la música electrónica y el anime se fusionan para explorar lo grotesco o lo inquietante. Es un nicho que disfruta de la experimentación visual, donde la animación no sirve para contar una historia épica, sino para transmitir una sensación visceral. Es una pieza que se consume rápido, como un cortometraje experimental que encuentras en una galería de arte, pero que tiene esa firma visual inconfundible del horror japonés, con sus contrastes agresivos y su atmósfera perturbadora.
No esperes un guion complejo ni personajes con los que empatizar. *Alice In Voodooland* es una curiosidad, un momento de intensidad visual que se desvanece tan rápido como aparece. Es ideal para quienes sienten curiosidad por los rincones menos explorados y más experimentales de la animación, aquellos que prefieren la sensación al argumento. Si te gusta la música electrónica con matices oscuros y quieres ver cómo se traduce eso al lenguaje visual del anime sin ninguna pretensión narrativa, este trabajo de 2016 cumple con su cometido de ser, simplemente, una experiencia sensorial.
¿Para quién es?
* Amantes de la música electrónica experimental y el horror visual.
* Curiosos que buscan experiencias cortas fuera de las series tradicionales.
* Espectadores interesados en el arte visual más que en la narrativa.
