Gorillaman

ゴリラーマン

Sobre este anime

A veces, el mundo del anime nos presenta personajes que parecen sacados de una broma pesada. Imagina esto: un chico llega a una nueva escuela, pero antes de que pueda presentarse, todo el mundo ya le tiene miedo. ¿La razón? Su cara. Tadashi Iketo, el protagonista de *Gorillaman*, es un estudiante transferido que, para desgracia suya, tiene facciones que recuerdan demasiado a un gorila. Y en el mundo del anime escolar de los 90, eso es suficiente para que te etiqueten como un delincuente peligroso.

Esta es una comedia de apenas dos episodios, producida por el estudio J.C.STAFF en 1992, que se aleja de las historias épicas de guerreros o romances dramáticos. Lo curioso de *Gorillaman* es que, a diferencia de los protagonistas que buscan pelear para demostrar su fuerza, Iketo es todo lo contrario: es un chico callado, reservado y, sobre todo, inofensivo. El conflicto central no nace de sus acciones, sino de la percepción errónea de quienes lo rodean. Es una premisa sencilla que juega con la idea del prejuicio escolar: todos asumen que, por su aspecto, es un tipo violento, obligándolo constantemente a defenderse de situaciones que él ni siquiera buscó.

Si nunca te has acercado al anime, esta es una excelente puerta de entrada para entender cómo la animación japonesa de esa época utilizaba el humor cotidiano para explorar dinámicas sociales. En los años 90, las historias sobre “chicos rudos” eran un estándar en el manga y el anime, pero *Gorillaman* toma ese tropo y lo pone de cabeza. No es una historia sobre alguien que quiere ser el rey de la escuela, sino sobre alguien que solo quiere pasar desapercibido mientras los demás insisten en tratarlo como una amenaza. Es una comedia de enredos basada totalmente en la incomunicación.

Lo que hace a esta producción distinta es su brevedad. Al ser solo dos episodios, no intenta construir un universo complejo ni una trama profunda de redención. Funciona como una viñeta rápida, un vistazo a un momento específico de la vida de este chico que no puede escapar de su propia imagen. Es un recordatorio de que, a veces, el anime solo quiere contarnos una anécdota divertida y sin pretensiones, capturando esa esencia de los clubes escolares y las tensiones adolescentes típicas de la cultura japonesa de finales del siglo XX. No esperes una historia que cambie tu vida, pero sí una que te muestra cómo se veía la comedia de situación en aquel entonces: directa, visual y basada en malentendidos.

¿Para quién es?

* Personas que buscan historias cortas y rápidas de ver.
* Curiosos interesados en cómo se veía el anime de comedia a principios de los 90.
* Espectadores que disfrutan de las tramas basadas en malentendidos y personajes incomprendidos.

Scroll to Top