Riding Bean
ライディング・ビーン
Sobre este anime
Imagina que estás viendo una película de acción de Hollywood de los años 80, de esas donde las persecuciones de autos ocupan la mitad de la pantalla y el protagonista tiene una actitud desafiante. Ahora, traslada esa energía a la animación japonesa. Eso es, en esencia, *Riding Bean*.
Este especial de un solo episodio, lanzado en 1989 por el estudio AIC, es un viaje directo a una época donde el anime no buscaba ser profundo o filosófico, sino simplemente muy entretenido. La historia sigue a Bean Bandit, un conductor a sueldo que parece haber sacado su personalidad de una película de serie B: es rudo, eficiente y vive pegado al volante de su auto modificado, el “Roadbuster”. Junto a su socia Rally Vincent, se dedica a transportar lo que sea, para quien sea, siempre y cuando el pago sea bueno.
Lo que hace que *Riding Bean* destaque en un mar de producciones animadas es su compromiso total con la adrenalina. No hay grandes dramas existenciales ni poderes mágicos; todo se reduce a la habilidad al volante y a la capacidad de salir bien librado de situaciones imposibles. Mientras el mundo del anime de finales de los 80 empezaba a explorar historias más complejas, este título decidió mantenerse fiel a la estética del cine de acción de carretera, con explosiones, tiroteos y una persecución constante que atraviesa la ciudad de Chicago.
Culturalmente, es un ejemplo perfecto de cómo el anime de esa década estaba obsesionado con la cultura estadounidense. No solo se ambienta en una ciudad icónica de Estados Unidos, sino que adopta sus tropos clásicos: el antihéroe solitario, la chica en peligro que resulta ser el eje de una conspiración y, por supuesto, una trama de chantaje y rescate que se complica a cada minuto. Es una cápsula del tiempo que nos muestra cómo los artistas japoneses veían y reinterpretaban la acción occidental de aquel entonces.
Al ser un episodio único, no tienes que comprometerte con una serie de cientos de capítulos. Es, básicamente, un largometraje de ritmo acelerado que cumple su promesa: autos, caos y una pareja de protagonistas que, aunque no son héroes de manual, tienen el carisma suficiente para mantenerte pegado a la pantalla durante su hora de duración. Si te gustan los vehículos personalizados y las historias donde el ingenio vale más que la fuerza bruta, esta es una pieza curiosa que vale la pena revisar para entender una faceta más desenfadada y técnica de la animación de los ochenta.
¿Para quién es?
* Fans de las películas de acción clásica y persecuciones automovilísticas.
* Espectadores que buscan una historia cerrada sin compromiso de tiempo.
* Curiosos de la estética visual del anime de finales de los ochenta.
