Bunna yo Ki kara Oritekoi

ブンナよ木からおりてこい

Sobre este anime

A veces, la animación japonesa nos regala pequeñas joyas que parecen haber sido olvidadas por el tiempo, pero que guardan lecciones mucho más profundas de lo que su apariencia sugiere. *Bunna yo Ki kara Oritekoi*, estrenada en 1987, es una de esas piezas que, lejos de las grandes batallas o los dramas románticos que solemos asociar con el anime, nos presenta una fábula sobre la curiosidad y la valentía de cuestionar nuestro entorno.

La historia se centra en una rana llamada Bunna. A diferencia de sus compañeras, que parecen seguir un guion establecido sobre cómo debe comportarse un anfibio, Bunna siente una inquietud constante. Mientras el resto de su comunidad vive bajo reglas tácitas y una rutina que nunca se pone en duda, este protagonista decide desafiar la gravedad, literalmente, y subir a un árbol. Lo que parece un acto de rebeldía sin sentido es, en realidad, el primer paso para entender que el mundo es mucho más vasto que el pequeño estanque que siempre ha conocido.

Lo que hace que esta cinta sea especial es su honestidad. No intenta edulcorar la naturaleza ni la vida animal con canciones pegajosas o finales mágicos donde todo se resuelve mágicamente. En cambio, utiliza la perspectiva de una rana para explorar algo muy humano: el miedo a lo desconocido y la presión social por encajar. En la cultura japonesa, muchas historias infantiles tradicionales tienen un trasfondo melancólico o reflexivo; no siempre buscan el entretenimiento fácil, sino dejar una semilla de pensamiento en quien las ve. Esta película sigue esa línea, recordándonos que, a veces, para crecer, hay que estar dispuesto a ser el “raro” del grupo.

Visualmente, el estilo de 1987 tiene un encanto particular. Es una animación artesanal, donde cada trazo se siente tangible. No busca el realismo fotográfico ni los efectos digitales modernos, sino que apuesta por un diseño que evoca la sensación de estar viendo un libro de cuentos cobrar vida. Es un ritmo pausado, pensado para que el espectador observe los detalles del entorno, el cambio en las estaciones y la soledad que puede sentir alguien que decide ver las cosas desde una perspectiva diferente a la de la mayoría.

Si nunca te has acercado al anime porque piensas que todo es acción frenética o tramas complicadas, esta propuesta es un excelente punto de partida. Es sencilla, directa y no necesita de una mitología compleja para transmitir su mensaje. Es, en esencia, una historia sobre romper esquemas y entender que, a veces, bajar del árbol —o subir a él— es la única forma de ver la realidad tal cual es.

¿Para quién es?

* Espectadores que buscan historias cortas y reflexivas que no requieran invertir horas en una serie larga.
* Personas interesadas en la animación clásica de los años 80 con un enfoque narrativo tipo fábula.
* Quienes disfrutan de relatos sobre personajes que deciden seguir su propio camino a pesar de la presión de su entorno.

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