Boku no Oldies wa All Color

僕のオールディーズはオールカラー

Sobre este anime

A veces, la animación japonesa nos ofrece experimentos tan peculiares que parecen más una pieza de videoarte que una serie tradicional. Este es el caso de *Boku no Oldies wa All Color*, un corto de 1987 que llega a nosotros como un recordatorio de que, en los años 80, la industria estaba dispuesta a arriesgarse con formatos que hoy nos resultarían extraños.

Si nunca has visto anime, probablemente tengas en mente batallas épicas o historias de fantasía. Sin embargo, este trabajo es todo lo contrario: es una colección de cinco viñetas románticas que se desarrollan con una lentitud casi contemplativa. Lo más curioso es que no escucharás a los personajes hablar entre ellos; aquí, la narrativa no depende de los diálogos, sino de la música *oldies* que suena de fondo. Es como si estuvieras viendo una serie de pinturas vivientes donde las canciones dictan el estado de ánimo y la historia de los protagonistas.

La obra está basada en el manga de Seizou Watase, un autor conocido por su estética muy particular, que captura la esencia de la vida urbana japonesa de finales de los ochenta. En aquel entonces, Japón vivía una burbuja económica y cultural donde la nostalgia por la música occidental y el estilo de vida sofisticado estaban en pleno auge. Este corto es un destello de esa época: se siente como un anuncio publicitario elegante o un videoclip extendido que busca transmitir una sensación más que contar una trama compleja.

No es una experiencia convencional. Al ser un trabajo minimalista, no esperes giros de guion o un desarrollo profundo de personajes. Su valor reside precisamente en su atmósfera. Es un ejercicio visual donde la música de época guía el ritmo, convirtiendo situaciones cotidianas de pareja en pequeños cuadros nostálgicos. Aunque su puntuación técnica entre los entusiastas del medio es baja, hay que entender que no fue creado para competir con los grandes éxitos de acción, sino para ser una pieza de estilo y diseño.

Si decides darle una oportunidad, hazlo con la mentalidad de quien entra a una galería de arte o se sienta a escuchar un disco antiguo. No busques explicaciones ni tramas complicadas, simplemente déjate llevar por el ambiente de los ochenta que impregna cada fotograma. Es una curiosidad histórica, un pequeño fragmento de una época donde la experimentación visual era el motor principal, permitiendo que la música hablara por sí sola mientras los personajes simplemente existían en pantalla.

¿Para quién es?

* Amantes de la estética retro y el diseño gráfico de los años 80.
* Personas que disfrutan de narrativas visuales relajadas sin diálogos.
* Curiosos de la historia del anime experimental y poco convencional.

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