Apple Papple Princess

アップル パップル プリンセス

Sobre este anime

¿Alguna vez te has preguntado cómo se veía la televisión japonesa cuando la animación empezaba a experimentar con la música pop? Si exploras un poco la historia del anime más allá de las grandes series de peleas o robots gigantes, te encontrarás con curiosidades como “Apple Papple Princess”. No es una serie ni una película larga, sino una pieza única de 1981 que funciona como una cápsula del tiempo.

Para entender qué es esto, primero hay que situarse. En Japón, existe un programa llamado “Minna no Uta” (que se traduce aproximadamente como “Canciones para todos”) que se transmite en la cadena NHK desde hace décadas. Es un espacio institucional donde se presentan canciones breves acompañadas de animaciones, diseñadas para que familias enteras las disfruten. Imagina algo parecido a un segmento infantil educativo, pero con un nivel de producción artística que, a veces, supera con creces lo necesario. Es en este contexto donde surge este pequeño video musical protagonizado por la voz de Mariya Takeuchi.

Mariya Takeuchi no es cualquier nombre en la industria musical japonesa; es una figura clave del *city pop*, ese género que combina jazz, funk y pop, y que ha ganado una popularidad masiva en internet en años recientes. Escuchar su voz en una pieza animada de inicios de los ochenta tiene un encanto particular, porque nos transporta a una era donde el optimismo visual y el diseño gráfico experimental eran la norma en la televisión pública.

Lo que hace distinta a esta pieza es su sencillez. A diferencia del anime moderno, que a menudo busca una narrativa compleja o una animación ultra detallada, aquí el objetivo es puramente estético y rítmico. Es un ejercicio de estilo: la animación sirve para vestir la canción, no para contar una historia épica. Es un ejemplo perfecto de cómo el anime, en su formato más breve y accesible, ha servido como vehículo para la cultura pop, permitiendo que artistas musicales y animadores colaboren para crear momentos visuales que se quedan grabados en la memoria colectiva, incluso si no entiendes una sola palabra de la letra.

Si buscas algo que ver para relajarte, que no requiera seguir una trama complicada y que funcione como un pequeño descanso visual de apenas unos minutos, esta es una excelente puerta de entrada a una faceta del anime menos conocida: la de la ilustración musical. No es una historia que debas seguir, sino una experiencia que simplemente debes observar y escuchar, dejando que la estética de 1981 haga el resto del trabajo.

¿Para quién es?

* Amantes de la estética retro y el diseño gráfico de los años 80.
* Seguidores de la música *city pop* japonesa y curiosos por sus orígenes.
* Personas que quieren ver algo breve y relajante sin la complicación de una serie larga.

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