Hana Ichi Monme

花いちもんめ

Sobre este anime

Imaginar el anime de finales de los años 70 suele remitirnos a epopeyas espaciales o robots gigantes, pero existen pequeñas piezas de archivo que funcionan como cápsulas del tiempo. *Hana Ichi Monme*, estrenado en 1979, es uno de esos casos curiosos. No es una serie compleja ni una película de larga duración; se trata de una pieza única que funciona como un video musical centrado en un juego infantil tradicional japonés que, aunque nos suene lejano, tiene ecos en nuestra propia cultura.

Para entender este trabajo, primero hay que entender el juego que le da nombre. *Hana Ichi Monme* es una dinámica de patio escolar que, en esencia, se parece mucho al “Red Rover” o al juego de la cuerda que muchos jugamos en la primaria. Dos equipos se toman de las manos formando una línea y, mediante cánticos y decisiones estratégicas, intentan “ganar” a los miembros del equipo contrario. La gran diferencia es que, en la versión japonesa, el conflicto no se resuelve por fuerza bruta o corriendo, sino a través de un duelo de piedra, papel o tijera.

Lo que hace a este especial tan particular es cómo toma esta estructura lúdica y la traslada a un formato visual animado. Al ser una pieza de 1979, el estilo visual se aleja de la estilización moderna y se siente mucho más cercano a la ilustración de cuentos infantiles o al arte tradicional de la época. Es una ventana a cómo se percibía la infancia y la interacción social en Japón hace más de cuatro décadas. No busca contarte una historia épica ni presentarte un mundo fantástico con reglas complicadas; su intención es capturar la esencia de un juego que ha sido parte de la identidad cultural de generaciones.

Ver este tipo de obras es interesante porque nos permite ver el anime no solo como una industria de entretenimiento masivo, sino como un medio capaz de preservar tradiciones. Mientras que hoy consumimos anime principalmente por sus tramas enredadas o su acción trepidante, *Hana Ichi Monme* nos recuerda que la animación también sirve para documentar el folclore. Es una experiencia breve, casi fugaz, que nos invita a observar un momento de juego puro, desprovisto de las pretensiones que solemos asociar con el medio.

Es una pieza destinada a quienes tienen curiosidad por la arqueología del anime y por cómo elementos cotidianos —como un simple juego de piedra, papel o tijera— pueden convertirse en el eje central de una obra artística. No encontrarás giros de guion ni personajes profundos, pero sí una mirada honesta a una costumbre que, a su manera, conecta a los niños japoneses con el resto del mundo a través de la competencia y el azar.

¿Para quién es?

* Aficionados a la historia de la animación japonesa y sus formatos experimentales.
* Personas interesadas en el folclore y los juegos tradicionales de otras culturas.
* Espectadores que buscan una experiencia breve y contemplativa, alejada de las narrativas complejas.

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